Cuatro años…

Soy de las personas que opina que todo pasa por algo. Sí, lo sé, parece la típica frase estéril de consuelo…Si te has caído de un sexto piso a lo mejor no es la clase de apoyo que esperas…”Bueno…todo pasa por algo”….

Pero sin llevar las cosas al extremo (lo sé, -a veces es mi especialidad-), si eres una persona reflexiva que analiza siempre el cómo, el porqué, el porqué no, el cuándo, el “y si…” hasta tener que tomarte una caja de Paracetamol, entonces seguramente acabas encontrando el sentido a todo lo que pasa por tu vida y que aparece por casualidad – o eso crees-.

Y no hablo de Paulo Coelho, el universo conspirando a tu favor etc porque el universo seguramente tendrá cosas más importantes que ocuparse de ti.

Hablo de saber encontrarle a lo que nos pasa una explicación mucho más lógica, que encaja con lo que uno, muchas veces – según su trayectoria e idiosincrasia- necesita experimentar o aprender.

En cuanto al universo, si tuviera un plan, me habría cagado tantas veces en él….Por ejemplo, creo que del noventa por ciento de tíos que han pasado por mi vida he pensado: “Ojalá nunca le hubiera conocido”.

Sin embargo en esta ocasión, su plan me hubiera regalado, -por una vez en una historia amorosa- el papel de “reinona”.

Era una tarde de verano más, después de un día de trabajo más, en un año más, nada especial, nadie especial…

De repente, Javier…

-“Coño Laura!, ¿qué haces por aquí?”.

-Yo: Pues andando por la calle, ya me ves….

-Javier: Estás muy guapa. Bueno, como siempre.

-Yo: Y tú tan seductor como siempre.

-Javier: ¿Cuánto hace?.

-Yo: Cuatro años, cuatro veranos, justo….

-Javier: Oye, te desbloqueo y quedamos para echar unas risas y ponernos al día.

-Yo: Ah, ¿pero aún tienes mi número?…

-Javier: Pues claro, ¿cómo no lo iba a tener?….

Pues sí, habían pasado cuatro años de ese verano. Cuando nos conocimos yo acababa de salir de una relación muy larga y aún estaba inmersa en esa fase horrible en que comparas a todos con tu ex y todos te parecen feos, impostados, secos, o falsos graciosos, pesados etc etc porque ninguno es él, que -aunque a lo mejor fuera un desastre-, no huelen como él…..

Y de repente apareció Javier, en una app de ligoteo, con un perfil tan natural y la vez sofisticado..Una cara de, “bueno pero peligroso”, jodidamente atractivo, la verdad….

Tuve una corazonada: “Si les das “like” quedaréis y habrá tema etc pero vas a llorar como una perra”….Por supuesto, ipso facto le di “like”. Ese primer día creo que hablamos unas cuatro horas seguidas.

Pronto llegó la primera cita, la “mejor cita de mi vida”. Hasta la fecha.

Y tras ella, varias citas a la semana durante todo un verano, a cada cuál más divertida, más pasional, más intensa…

En aquel momento pensé que había llegado a mi vida como un regalo y a la vez para cumplir una especie de misión. Hacía mucho tiempo que no me sentía bien tratada por un hombre, de hecho, un “gentleman”, casi siempre…

Tanto es así que llegué a endiosarle. Como nunca he hecho con nadie. Como nunca se debe hacer con nadie.

Objetivamente era irresponsable, infantil, egoísta, faltón, extremadamente superficial y vacío.

Era mujeriego. Un mentiroso. Todo él era una gran mentira. Pero yo entonces eso, no lo sabía…

De repente, una mañana de septiembre, todo cambió. Había aparecido una de sus sesenta ex de la nada, y de repente, había visto la luz, necesitaba volver con ella.

“No estoy enamorado de ti, Laura, eres demasiado buena, yo necesito que me den caña. Te deseo lo mejor, te lo mereces. No soy digno de ti, soy un mujeriego que nunca debí cruzarme en tu camino. Lo siento”. Plas!…..

Jarro de agua fría no. Diluvio universal encima de mí. Todo había sido una gran mentira. Sin más. Cada palabra, cada caricia, cada aventura, cada escapada, cada cena romántica.. Nada de eso había sido especial a sus ojos, sólo una distracción momentánea.

Le veía por todas partes. Creía verle por todas partes. Le supliqué al puto universo que volviera. Y volvió. Y un día de repente me volvió a dejar por otra ex. Y me volví loca otra vez, supliqué otra vez, volvió otra vez, apareció otra ex otra vez….

Empecé una relación con un “buen chico” sólo para poder olvidarle. Se me pasó la locura pero seguía con esa espinita clavada.

De repente cuatro años más tarde le vi, aquella tarde, como un sucedáneo de lo que había sido. No le brillaban los ojos ya. Le vi viejo, cansado. Intentaba hacerme reír como antes pero a mí ya no me hacían gracia las mismas cosas….

Yo en esos cuatro veranos había pasado “de niña a mujer”, y no en el sentido bíblico. Simplemente ya ni me lo creía todo ni me colgaba de cualquier gilipollas. Nadie me esperaba ni yo esperaba a nadie. Libre en el sentido más genuino de la palabra. Libre de cadenas que te atan a lo que duele, a lo imposible…

Me invitó a cenar. Varias veces. Y yo, -por una mezcla de aburrimiento y curiosidad- accedí.

Me arreglaba mucho, -como antes-, pero ya no para él, sino para mí.

Yo le hablaba de mi nuevo trabajo, de todos mis trabajos durante los últimos cuatro años, de mis aventuras por el mundo, de mis nuevas inquietudes etc…Él me hablaba de su ex sueca, de su ex colombiana, de su ex abogada, de su ex modelo “la que medía lo mismo que yo pero pesaba 10 kg menos”, – según él- por cierto).

Y sus vídeos de un niño que baila, un chino que se cae o una gorda que se resbala, ni tenían gracia hace cuatro años ni mucho menos ahora…

Mi móvil lleno de sus whatsapps y llamadas perdidas a cualquier hora. Sus invitaciones para cenar a última hora, siempre inoportunas ahora.

-Javier: Laurita, cómo has cambiado, tú antes hacías lo que fuera por verme, y ¿ahora?….Ahora soy yo el que te persigue…¡Quién te ha visto y quién te ve!. Tú , ahora, eres mi prioridad absoluta. Dime qué quieres. ¿A qué restaurante quieres ir?. ¿Al más caro de Barcelona?. Te invito.

 -Yo: Bueno, es normal, el tiempo pasa, muchas cosas pasan, uno cambia, ¿no?.

En esa época, -como en todas- él estaba con mal de amores por su última ex y yo estaba superando un desengaño de Tinder. Entre la soledad, el despecho, su perfume que me retrotraía cuatro años atrás etc, fuimos a su casa.

-Yo: Madre mía, ¿sabes cuántas veces soñé con volver aquí?….

Y para mis adentros: y sin embargo ahora, no me siento como entonces, nada es igual y quiero irme a mi casa….

-Javier: ¿Recuerdas esta mesa no?. Jaja…Por aquí habéis pasado todas mis novias.

-Yo: Vaya, eso me hace sentir muy especial, no necesitaba esa información, pero vamos….Ah, ¿y fui tu novia?…..Ahora me entero…..

-Javier: Pues claro Laura, fuiste muy importante para mí.

-Yo: Me alegra enterarme cuatro años después.

-Javier: Quédate a dormir, sólo a dormir. Necesito cariño.

-Yo: Bueno, pero mañana trabajo.

-Javier: No te preocupes, dime la hora, ya sabes que te dejo en la puerta, como siempre…

Nada fue lo mismo. Dicen que donde hubo fuego quedan rescoldos pero aquí sólo había cenizas. Sólo quería que amaneciera. Sus besos, sus abrazos, que tanto había ansiado…Llegaban cuatro años más tarde, ya no los necesitaba. Mi Dios se había caído de su pedestal.

Como siempre, roncaba. Ese ronquido que antes me hacía gracia y ahora me daba ganas de ahogarle con una almohada…Y como siempre, -mientras-, mi cabeza en un runrún….”Laura, ¿tú cómo podías estar locamente enamorada de este tío?, si es un simple, un pesado, un superficial, no tiene intereses -más allá de su dependencia de las mujeres-, es un triste, un puto disco rayado, un pelmazo”.

Esta vez sabía perfectamente cómo acabaría la historia. Él siempre lo daba todo rápido. Te lo quitaba de repente.

Se reencontró con una ex. Debía volver con ella.

Esta vez no dolió, fue un alivio. Me había topado con él esa tarde para demostrarme que nadie es un Dios. Eso es sólo producto de nuestra imaginación, y del “momentum”, que se perdió….

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