Tú a Boston y yo a Cuenca…

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El año nuevo y sus propósitos…Los míos nunca han ido en la línea de hacer ejercicio, no fumar, cuidarme..A lo mejor doy un poco de rabia pero soy de esas personas que ya cumplen con todo eso.

En 2019 mi propósito fue “no ir detrás de nadie”. Eso incluye ex rolletes, conocidos y/o amigos que siempre usan la coletilla “ya quedaremos”, para quedarse en nada…Puedo decir que salvo un desliz, lo he hecho.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa sobre mí, no soy una persona especialmente abierta ni sociable, más bien todo lo contrario. Tengo un punto de timidez y -porqué no decirlo?-, misantropía.

Eso sí, si se da la química a lo mejor en una hora te estoy explicando todas mis miserias con pelos y señales.

Hay gente que tiene “amigos” en todas partes, y a cualquier cosa llaman “amigo”. Siempre cuentan historias de un amigo que tiene un yate, de otro amigo que tiene dos penes, de otro amigo que pasó un año en Afganistán, de otro que ha ido a la luna y de uno que trabaja en la NASA…Por contra, yo no necesito rodearme de muchísima gente, y sí de personas que elijo porque realmente existe afinidad y afecto mutuo.

Todo lo demás, me parece – a mi juicio-, un decorado de cartón piedra, que desaparece con la misma rapidez con la que se ha montado.

Es por ello que me propuse dejar mi whatsapp inactivo y por una vez, no ser proactiva en saludar, en proponer planes o en insistir. Es un ejercicio peligroso, casi masoquista, pero decidí que, -al borde de los 40 y con cada vez menos tiempo libre, menos pelos en la lengua y ninguna cuenta pendiente- era tan tentador como necesario.

Reconozco que si bien soy un poco antisocial, también soy muy apegada cuando me importa alguien. Y no está de moda el “apego” en estos tiempos. Es más, se premia el pasotismo, la frialdad, el individualismo exacerbado y encariñarse de alguien parece de “gilipollas” o “ñoño”. Yo, siempre a contracorriente…

Como persona “ñoña”, ”gilipollas” o anclada en una moral antigua que valoraba a las personas y las relaciones, este ejercicio no ha sido fácil, pero muy liberador, como una lavativa. Te remueve las entrañas, te hace sentir como basura y una vez expulsado lo que no sirve, te sientes limpio y con más espacio para lo nuevo. La mierda y sus metáforas…

A veces nos convertimos en Diógenes de las relaciones. Pasan los años y acumulamos amigos, conocidos, uno que pasaba por ahí, otro que una vez te saludó..Los del colegio, de la universidad, de los trabajos, del gimnasio, del curso de macramé, amigos de amigos de un conocido y unos cien tíos con los que tuviste citas horribles de Tinder, pero te caen bien…

Es súper útil para tener una agenda llena de números que casi nunca recuerdas de quién son o 10.000 seguidores en Instagram.

Como persona nacida en los 80 todo esto me lo tomo como una gran comedia. A veces tengo la sensación de que la gente sólo establece nuevas relaciones para poder decir “joder, cuántos amigos tengo, ahora también tengo un amigo famoso, bueno, una celebridad, salió en “First Dates” un día” o ganar nuevos followers.

¿Dónde ha quedado la espontaneidad, la naturalidad en las relaciones entre personas?…Para bien y para mal.

Recapitulando, las relaciones más duraderas y auténticas que he establecido en mi vida (tanto de amistad como de pareja), han nacido simplemente fruto de la química y a menudo en circunstancias o en entornos donde se supone que uno no va “a hacer amigos”, como por ejemplo el entorno laboral, y a través del tiempo.

Abogando por la espontaneidad, de la misma forma también deberíamos admitir que a veces los vínculos se deshacen, las circunstancias cambian, la gente cambia y el café o la cena que tenía sentido hace dos años, ahora ya, no lo tiene.

Tendría sentido si el sentimiento común fuera mutuo. El cariño o el amor, el interés por el otro está por encima de cambios de residencia, nacimientos de hijos, agendas más llenas que la de un ministro etc..Nada justifica no poder enviar un mensaje de “¿cómo estás?, si la amistad es real.

Cuando ese mensaje nunca llega, a lo mejor cabe admitir -una vez más- que las relaciones se basan en la reciprocidad y el repetir veinte veces la coletilla “a ver cuándo nos vemos”, sin respuesta por la otra parte, te convierte en un gilipollas o un acosador.

De la misma forma que me ha resultado doloroso, “enterrar” a personas que entraron en mi vida por casualidad y se convirtieron en algo importante, me niego a forzar la casualidad.

Sin ir más lejos, un chico se me acercó hace poco en el gimnasio diciéndome que ya es hora de tomarnos un café, porque hace diez años que nos vemos sólo entre mancuernas y a veces nos saludamos. Y claro, eso son muchos años y ni un café. Un despropósito.

Si calculo que llevo 22 años yendo a un gimnasio que tiene unos 20.000 socios, entonces, podré llegar a ser una de esas personas con tantos y tantos amigos!.

Por tal motivo me niego a acudir a reuniones de exalumnos y cosas parecidas. Y que conste que tengo muy bien recuerdo de mi etapa de EGB, pero me pregunto si realmente tendríamos algo en común a día de hoy…Sí, jugábamos al pica-pared, cambiábamos cromos de Snoopy y fuimos de excursión a la Panrico, pero…Han pasado más de veinte años y no mantuvimos el contacto. Prefiero seguir pensando que el gracioso de la clase sigue siendo risueño y no un amargado, y no ver al buenorro con arrugas como zanjas y barriga.

Sin ir más lejos, hace unos meses me topé con una de mis mejores amigas de la época por la calle, y, simplemente me di cuenta de que nos separaba un abismo. Me contó que se había casado con un millonario, y no necesitaba trabajar, que viajaban por todo el mundo y que tenían una hija y muchos perros. Yo le conté que estoy todo el día fuera de casa intentándome ganar la vida como para tener un perro y que, -dicho de paso-, no me gustan especialmente los perros, ni los niños y que mi relación más larga con un hombre últimamente era de tres citas.

Le deseo todo lo mejor…A ella, a todos mis compañeros de EGB, a los 20.000 socios de mi gimnasio, a toda la gente que he conocido en alguna fiesta -especialmente a los que alguna vez he vomitado encima-, a mis vecinos y a los del badulake de mi barrio, que son muy majos, pero,  ¿realmente tiene sentido perpetuar algo más allá de la cordialidad?.

Es también una forma de corrección política absurda tanto el acumular números en la agenda de gente a la que no tenemos intención de ver como el no acabar con relaciones que quizás tuvieron sentido en un momento concreto, pero ya no más.

Por eso valoro cada vez más la gente que aparece sin que la busques, que si le apetece quedar queda y sino te lo dice claramente también.

Los amigos de verdad, no son los que se pasan un año sin hablarte para reenviarte una felicitación cursi en Navidad, ni siquiera me importa si no recuerdan mi cumpleaños, sino los que de repente me dicen “te echo de menos”; “hoy me acordé de ti” e incluso “mira, estoy cansado, quedamos otro día” o un “vete a la mierda” si hace falta.

Al fin y al cabo, cualquier relación exige una dedicación y recursos que suelen ser escasos (como el tiempo).

¿Alguien invierte tiempo libre haciendo croquetas si detesta cocinar, por ejemplo?…¿Qué nos impide cortar por lo sano con personas que están ahí como satélites?. A lo mejor entre los propósitos de año nuevo en vez de aprender inglés y dejar de fumar podríamos plantearnos qué papel juegan en nuestra vida las 10.000 personas que nos rodean, ser más prácticos, más honestos y optimizar recursos.

Sin dramas. Seamos amigos y sino “Tú a Boston y yo a Cuenca”.

 

 

5 comentarios sobre “Tú a Boston y yo a Cuenca…

      1. Preveo algo de insomnio pese al catarro que me adormece sólo por mera adicción de leer más post de usía. Disculpas eso sí por la tardanza en introducirme en tu blog desde que tuve constancia de su existencia y dije de entrar. A veces las dos neuronas que chocan entre sí dentro de mi cerebro necesitarían comer más rabitos de pasa para mejorar la memoria. 😊

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