Arroz con pollo

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No me gustan los tópicos. No se trata de caer en la dicotomía “todos los hombres son malos y las mujeres una santas”.

Me baso en mis experiencias personales y además me consta que hay hombres maravillosos por el mundo. Casados, comprometidos o gays, casi siempre…

Cuando empecé a mostrar interés por los chicos, supongo que -como la mayoría-, me dejaba llevar y no tenía ni idea de lo que realmente me gustaba. Mi principal requisito era que tuvieran el pelo largo. Ahora me conformo con que tengan pelo…Y creo que hasta en eso podría hacer alguna excepción.

Tengo una libreta donde apunto ciertas cosas sobre hombres, pero el subtotal de citas que he podido tener o tíos que he conocido (bíblicamente o no), es una incógnita. A día de hoy agradezco este bagaje que me ha hecho permitido tener claro con qué tipo de especímenes no merezco perder mi tiempo.

Los he clasificado en diez categorías en aras de la brevedad (sin eufemismos, no querer ser un coñazo y que me sigáis leyendo), pero la lista podría alargase ad infinitum como pasó con el post “¿Por qué no te callas?.

– El cursi: Hay quien asume que a todas las mujeres no gusta el rosa, lo edulcorado, Titanic y Pablo Alborán. Estos tipos así como encorsetados, que no dicen lo que piensan sino lo que creen -y cómo creen- que lo quieres escuchar. Aclarar que no soy insensible…Bécquer me parece romántico y real, por ejemplo. Todo lo anterior, una patraña. Un mensaje en cadena con una frase supuestamente romántica y un osito puede ser mi primer gran..”Oh, no!”…

-El zombie: Vendría a ser mi antítesis como persona. Para mi propia sorpresa, estuve un año saliendo con un muerto viviente.

No soy necrófila -al menos aún-,…Esta gente, respirar, respira, hace sus necesidades básicas y sobrevive hasta que le llega su hora. Por lo demás, ni siente, ni padece, ni se conmueve..No molesta, porque es totalmente aséptico…Es como una medusa, que por no hacer, ni te pica y ni deja rastro, ni huella…

En una ocasión le recriminé a mi ex zombie su frialdad y su respuesta fue que: “no nos vamos a enamorar como si fuéramos quinceañeros”..Habla por ti, porque yo sí. Pero nunca de ti.

– El soso (él dice que es “discreto”): Me da la sensación de que justamente eran algunos de los tíos más decentes con los que me he topado, pero era imposible pasar a la siguiente fase. Perdón a todas las víctimas de mis cobras.

Este es un chico como “mono”, “agradable”, caballeroso, se porta bien, se puede mantener una conversación con sentido. Ahora es cuando me relajo, suelto mis exabruptos espontáneos, mi humor negro y, se le tuerce el gesto porque o no me entiende o empieza a pensar que soy una camionera.

Se autodescriben como “normales”. Me tranquiliza saber que eres “normal” y no tienes a tu madre descuartizada en el congelador, pero chico, te falta chispa.

Por el contrario, si devolvías los VHS al videoclub sin rebobinar y además no te sientes culpable, eres de los míos.

-Hombre blanco (o de colores) soltero busca florero: No nos vamos a engañar, ¿a quién no le gusta que le digan que tiene unos ojos bonitos o un culazo?. A mí me encanta.

Agradezco de que después de arreglarme dos horas para una cita, seas capaz de apreciarlo.

Y no se trata de algo machista. Se trata de apreciación y ser complaciente. Yo también lo hago con los hombres. De hecho todos mis ex “algo” se acaban creyendo Brad Pitt aunque más bien sean Mr Bean.

Hasta ahí todo bien. El problema es cuando sólo recibo alabanzas físicas. Si después de explicarte mi vida, milagros, mis historias e interactuar conmigo me sueltas un “gracias por las vistas”, es peor que una bofetada.

Este especimen, probablemente sólo aspira a pasearse con “algo bonito” al lado. Eso viste mucho, queda muy bien delante de los amigos y en Instragam.

El problema es que, aparte de ser más que un cacho de carne, a muchos se os olvida que no hemos nacido maquilladas y peinadas.

Es obvio que intento gustarme, gustar y no me presento a las citas en chándal pero si no asumes que soy humana, tengo defectos, a veces estoy mona, a veces horrorosa y me levanto con cara de sapo cada mañana de mi vida pues…

-Tú, yo y mi ex (o armario de exes): Mencionar a algún ex si viene a cuento no me parece nada raro. Es parte de tu vida y es respetable. De hecho, me asusto cuando alguien me dice “no me hables de tus ex”…Aspiro a estar con alguien con quien pueda a hablar de todo, como es natural.

Lo complicado es estar con alguien que, -teniéndote delante-, no está conectado a ti.

De acuerdo, acordarte de otras personas y/o comparar a veces es inevitable, pero, un secreto: a veces las cosas es mejor que se queden en tu cabeza y no es necesario verbalizarlo todo. Hablo mucho pero soy una maestra en callarme. Sin ir más lejos, en una ocasión salté de un hombre con una casa súper confortable y calzoncillos Calvin Klein que le quedaban estupendos a otro que vivía en una choza no apta para mis alergias, calzoncillos de mercadillo desgastados y demás cutreces. Cerraba los ojos y solo pensaba “Laurita, quién te ha visto, y quién te ve…”. Las comparaciones son odiosas.

-El macho alfa: No domino mucho estos términos modernos, perdón. En mi mente un “macho alfa” es el típico “gilipollas” de toda la vida. Prepotente, machista e inseguro.

Hablar con este tipo no es hablar, es competir. Y mejor ni entrar en conversación. ¿Para qué? Si él es el más guapo, el más listo, el más vivido, el más capaz de todo, el que gana más pasta, el que tiene más amigos y el que la tiene más grande.

¿Para qué hablar con él? Si no quiere conocerte y ni siquiera escucha. Además, es tan listo que si se pone, sabe más de ti que tú misma.

Este especimen también busca un florero a su lado. Con flores muertas, mejor. Si eres una tía lista (tanto o más que él), con carácter y opinión, eres su oponente y él no quiere eso. Necesita un gatito o perrito manso a su lado, pero con coño.

Frases como “yo conduzco mucho mejor que tú porque voy a 200 km/h y escribiendo mails a la vez” o “no seas tan graciosa con mis amigos y estate callada como las novias de los demás” son cosas que a mis treinta y mucho no estoy dispuesta a aguantar.

-El papito: Y no por la “sabrosura”. Otra vez más el patriarcado y sus efectos. Y que conste que aún existen muchas mujeres que, -más que una pareja-, parecen buscar un soporte económico y logístico, mucho más allá de lo emocional y sexual.

No suele tener malas intenciones pero, probablemente su educación le lleva a pensar que toda mujer es como una especie de niña pequeña perdida, que necesita a un macho a su lado que la guíe.

Vamos, cuando tienes casi cuarenta y llevas desde los quince trabajado, inventándote, reinventándote, cayéndote, levantándote, llega un listillo que a lo mejor tiene veinticinco años con el “deberías” o “tendrías que hacer” que nunca le has pedido.

Ayudas masculinas que sí agradezco son todas las relacionadas con chapuzas domésticas. Con chapuzas me refiero albañilería y bricolaje, por favor. Más que nada porque no me interesa el tema. Eso y matar cucarachas, ratas o bichos, que me dan mucho asco. Para todo lo demás, en la vida, me defiendo sola. Pero muchas gracias, papi.

-El confundido: Siempre me ha molestado que se ensalze tanto a quien “tiene muy claro lo que quiere”. Pues a veces puedes no tenerlo tan claro, precisamente porque hay muchas opciones en la vida. Me parece una postura sin más, ni mejor ni peor.

Pero pongámonos en contexto: Seas hombre o mujer, si tienes entre treintaymuchos y cuarenta hay cosas básicas que sí deberías saber, por ti mismo y no marear al personal, básicamente.

No es muy coherente presentarte como un tipo que quiere una relación con mucha acción a todos los niveles, alguien que quiere asistir a todos los conciertos, viajes, orgías..y al poco descartarme porque se supone que estás buscando a la madre de tus hijos y yo no deseo tenerlos.

Siento traer malas noticias pero hay opciones en esta vida, que, simplemente, no son compatibles. Si tuvieras veinte años quizás sí, con cuarenta, ya no da tiempo.

-Buscando a Doña Letizia: Seré breve. El típico hipócrita que busca a una chica modosita, discreta (en el peor sentido de la palabra), sosa y aburrida, pero que quede bien delante de familia y amigos. La esposa consorte.

Pero luego fantasea o consuma con otras, mujeres “indecentes”, descaradas y libres.

En este grupo están los que confiesan que les “animan” mucho mis fotos eróticas pero nunca me presentarían a su madre.

Pues tú te lo pierdes, tío simple, porque soy una nuera muy maja.

-El “arroz con pollo”: Si eres un “gymaholic”, estupendo, nos llevaremos bien. Compartiremos tortillas de claras a la luz de las velas y puedo ser tu Michelle Lewin de tercera regional.

Eso sí, siempre y cuando toda nuestra vida y conversaciones no giren entorno al aspecto físico y a los suplementos. Un ratito, sí. Moderación, como en casi todo.

Pero hay un tipo muy concreto de chico que se adora demasiado. Y la autoestima es buena, pero no el narcisismo.

¿Espejos cerca de tu cama?. Ah, muy bien, qué morbo. Si es para observar tus músculos mientras follamos es el anti clímax. Y encima, sin disimular: “¿has visto qué músculos, nena?; “oh sí, pero, no me toques el pelo que me despeinas”…

La gente se sorprende cuando digo que no me fijo mucho en el cuerpo de los hombres, mientras estén dentro de la normalidad.

Me importa el físico, me encantan los hombres que se cuidan pero el tamaño del bíceps en concreto, no aumenta ni disminuye mi libido.

Los “arroz con pollo” han sido siempre para mí, citas de un solo día (antes de corroborar sus defectos) y dado su enorme ego se han ofendido mucho al haber sido rechazados. Deberían saber que para muchas mujeres, la principal zona erógena es el cerebro.

 

Continuará….

4 comentarios sobre “Arroz con pollo

  1. Laura! Me encanta esa clasificación! 😀 La deberían conocer todas las niñas alrededor de 16-18 años para no tener sorpresas desagradables en la vida. En el pasado he conocido un “macho alfa”, y ha sido exactamente como explicas.. Sin embargo, en realidad no era “alfa” en nada, solo trataba de aparaentarlo. Perfil de un típico maltratador. En fin, gracias por ser tan atrevida y honesta y por tu Blog!

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  2. Cómo acabar con la leyenda urbana del “Hombres! Todos son iguales.” en unas cuantas líneas. Demostración de los grados de degeneración en los que vamos incurriendo los gestados con cromosomas X. Disculpen las molestias y de los errores se aprende (o deberia) , deberían ser las primeras cartas de amor para la persona que pretendiesemos fuera nuestra compañera de viaje. Se me ocurren muchas otras, pero no puedo descubrir tantos secretos de golpe jajaja…😜🌺🌸🌹💋

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