Talibanes del amor

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A todos nos gusta gustar. Es un hecho. Y en concreto gustarle a esa persona que se te antoja como el marido ideal, el novio ideal, el follamigo ideal…
Pero no, estos mensajes de “yo puedo con todo”; “luchando se consigue todo”..bla bla…Esto mejor lo dejamos para otras facetas y para las tacitas de Mr Wonderful. Lamento informar de que, si el agrado no es recíproco lo más sensato que puedes hacer es tomarte un te con leche y quedarte mirando el mensaje flowerpower en su recipiente. Mujeres y hombres del mundo, gustarle a otra persona no es un carrera de fondo, un objetivo a proponerse. Puedes proponerte ir al gimnasio, por ejemplo, y seguramente con ahínco antes consigas tener el culo de Michelle Lewin que despertar el deseo de ese ser “especial”.
Recuerdo que los primeros chicos que me gustaron eran para mí como semidioses, algo inalcanzable, esas ensoñaciones de “uff, me ha dicho “hola”, pero no un “hola” normal sino, “holaaaa”..”Este quiere ser mi novio, vamos!”.
Con 15, 16 ó incluso 18 años de la época (soy de los 80), es algo entrañable y normal. Lo jodido es ver cómo hay quien llega a los 30, 40 ó 50 viendo puertas abiertas en un saludo o una sonrisa.
Es obvio que el rechazo no es fácil, en ningún campo, especialmente cuando nos tocan la autoestima, claro. Uno mismo se cree la hostia a veces, nos casaríamos o nos follaríamos a nosotros mismos si pudiéramos. Pero nadie es una croqueta para gustarle a todo el mundo, ¿cierto?. Donde unos ven ingenio, los otros ven locura, lo que para unos es un culazo para otros es una plaza de toros, etcétera.
Esto nos lo tendrían que meter en la cabeza desde pequeños. Ni le gustarás a todo el mundo ni tienes porqué hacerlo.
Hasta yo misma a veces creo que, vista desde fuera, puedo llegar a ser insoportable, me caigo bien porque me tengo cariño y tal, pero vamos, que el hecho de no agradarle a alguien desde un principio es algo que siempre he aceptado bien. Otra cosa es gustarles pero no en la manera que yo querría, o que quieran sólo una parte de mí…(este es tema para otro post).
Antaño cuando ligábamos cara a cara, yo tenía la táctica de echar dos miraditas bastante evidentes. A veces con una era suficiente, sino por si acaso lanzaba otra por si andaban cortos de vista. Si la estrategia de la “mirada guarra” no me funcionaba, me daba por aludida y sin dramas.
Luego está la gente que te ve como a una lámpara, una mesa camilla o cualquier objeto que les parece bonito y simplemente, quieren hacerlo suyo, a toda costa.
Yo tengo la teoría de que a este tipo de personas las han criado sin nunca un “no” de por medio. Crecen y siguen creyendo que todo y todos pueden estar a su disposición.
En el caso de los hombres, desde luego en algunas culturas tiene una raíz machista. Recuerdo cuando viajé a Senegal, sola, soltera y sin ningún problema para decirlo a quien me preguntara..La respuesta: “pues si eres soltera, y a mí me gustas, vamos a acostarnos, no veo el problema”…” Mmmm bueno, igual es que tengo voz y voto y esas cosas.
Pero bueno, trasladémonos a nuestra latitud, donde, tras un “no” explícito, o ningún tipo de señal por la otra parte, esta persona insistente (más bien acosadora ya) sigue intentando el contacto por todos los medios, desplegando todos sus encantos (reales o ficticios) y cavando con pico y pala, en el aire, básicamente.
Como siempre digo, yo no recomiendo nada a nadie ni pretendo instruir ni ser un modelo a seguir (modelo de pasarela igual en dos temporadas o así, yo lo voy intentando..), pero porque me han enseñado básicamente a no joder al prójimo y también por el karma que puede ser muy cabrón, tengo por principio no ir minando la autoestima a nadie. Si tengo que rechazar alguien lo hago, pero con estilo. Está el rollo filosófico ”no eres tú, soy yo”, el rollo metafísico “no estoy en el espacio, en el momento, en el momento espacio-temporal”, “no estoy en el planeta correcto”…
Mentiras piadosas, casi siempre. Ojo, que a veces –hablo por mí- puede ser cierto. Un día me apetecería tener novio y a lo mejor al día siguiente me da una pereza brutal.
Pero a lo que vamos, mejor, -caballero-, recoge tu lanza, móntate en el caballo y a por otra/s doncella/s, que seguramente es lo que estás haciendo ya, y retírate con dignidad. Hay quien actúa como una persona normal y se agradece, y luego están los que entran en algún capítulo del DSM-IV o en un poco de todos.
No enumeraré aquí todas las “cositas” que me ha tocado aguantar por parte de tipos a los que -para su desgracia- nunca toqué ni con un palo.
Primero viene el acoso por todos los medios, y como me tengo por buena persona (o tonta en ocasiones) y a la vez muy curiosa del comportamiento humano, no paso directamente al bloqueo hasta que no se me falta el respeto, que es mi límite.
Cosas muy bonitas me dicen, cosas que dicen mucho más sobre ellos mismos y sus propias frustraciones que sobre mí.
Cosas, directamente ridículas…Ayer te parecía una sirena y hoy –según tú- soy una ballena? Antes era humilde y ahora soy una “creída”??. Por favor, no seamos infantiles. A mí también me gustaría estar con Adam Levine por ejemplo, y no voy decir “uy, no, es que es mayor para mí”. A ver, que no se puede tener todo en esta vida, y punto, no hay más, y con estos comportamientos que rozan la auto-humillación, solo se consigue que la otra persona, en cierta manera se endiose. En mi caso no me endioso, sólo consigo ratificarme en mi teoría de que los tíos pasan de una o se obsesionan, así, sin término medio.
En cualquier caso, como ejemplos, me quedó claro que nunca más volvería a tener una cita de app de ligoteo con alguien que desde un principio sé que no me gustara para algo más que tomar una Fanta (y a veces ni eso), solo por la insistencia de la otra parte. Tras una cita desastrosa (para mí), me costó unos seis meses deshacerme de un loco que, no hacía más que crearse distintas cuentas para dedicarme líneas así estilo Góngora, acabadas en un “ramera”, “calienta..” y demás vocablos que no quiero plasmar en un blog tan fino…
Teniendo esto por premisa, tras charlar como un mes con otro sujeto, le espeté que no sentía que, francamente, fuera el tipo de chico que me pudiera despertar mariposas (odio esta expresión), por no decir escalofríos y jadeos. Como despedida me soltó que tenía que saber que “todas mis ex tenían la talla 32 ó la 34 y se las quedaban mirando por la calle” (bueno, no me sorprende por otra parte..). Me dieron ganas de contestarle que era una lástima que yo no sintiera ganas de poner mi talla 38, 40 ó 42 (depende de lo hinchada que esté o como me apetezca tener mi cuerpo en ese momento) encima de él.
Es simple de entender. La relaciones humanas (de amistad o sexuales) tienen un alto contenido de química. ¿Qué coño es eso?. Ni yo lo sé, aunque he pensado mucho sobre el tema (material para otro post). Lo que está claro es que no es algo que se trabaje ni que se puede forzar, simplemente se da o no se da. Si es recíproca es la hostia y sino, una faena, pero bueno, no hay que empecinarse.
Que al final siempre hay un roto para un descosido..O eso dicen…

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